Dicen que las mujeres sólo lloran
cuando quieren fingir hondos pesares;
los que tan falsa máxima atesoran,
muy torpes deben ser, o muy vulgares.
Si llegara mi llanto hasta la hoja
donde temblando está la mano mía,
para poder decirte mis congojas,
con lágrimas la carta escribiría.
Mas si el llanto es tan claro que no pinta
y hay que usar otra tinta más obscura,
la negra escogeré porque es la tinta
donde más se refleja mi amargura.
Aunque yo soy para soñar esquiva,
sé que para soñar nací despierta.
Me he sentido morir y aún estoy viva;
tengo ansias de vivir y ya estoy muerta.
Autor Carlos Cuauhtemoc Sanchez
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